La historia de estos peculiares personajes se remonta a sus años de universidad. Clark era un joven melenudo de mirada profunda. La clase de tipo que te gustaría tener cerca en situaciones complicadas. Introvertido y en ocasiones insultantemente apático, se hizo un hueco en el mundo de los delegados de clase con elegante soltura.

Clark jovenPhil, por su parte, era un loco soñador inmerso en un viaje vital que más tarde plasmaría en su autobiografía titulada “Esta es mi vida. Si te gusta bien, y si no también”, en la que describe su largo periplo por el mundo de las relaciones
sentimentales y su coqueteo con el mundo de las enfermedades venéreas. No es de extrañar que experiencias así, forjasen como a golpe de martillo y cincel el tipo que todos hoy conocemos.

 

Fue la casualidad la que quiso un catorce de febrero hacerlos coincidir en su clase de Química Aplicada a la Teología. Phil no tenía lápiz, Clark no tenía libreta. Desde entonces son inseparables.

Juntos han vivido multitud de aventuras. Clark, el lado más racional de esta cómica relación, es el complemento ideal para el joven y alocado Phil. Su alegría natural y espontaneidad le llevarán a situaciones no siempre agradables, pero sí divertidas, en cierto modo.